Lo dice la Comisión Europea: la eficiencia energética es la forma más rentable de bajar las emisiones de gases de efecto invernadero y reducir nuestra alta dependencia de las importaciones de combustibles fósiles, que en el caso español representan en torno al 4% del PIB anual. Por tanto, ahorrar energía y utilizarla de forma más eficiente es, también, una herramienta fundamental para generar riqueza y salir de la crisis.

En 1991, España era más eficiente energéticamente que los países de la UE15. Dos décadas después, la eficiencia energética en este país no solo ha caído por debajo de la media de la UE15 sino que se halla, incluso, por debajo de la media de la UE 28, esa en la que también convivimos con Chipre, Bulgaria o Estonia,  por poner tres ejemplos.

El hecho de que cada vez usemos más cantidad de energía para producir una unidad de PIB no impidió, sin embargo, que el gobierno español dijera no, en octubre pasado, a la nueva Directiva Europea de Eficiencia Energética (2012/27UE). Tampoco parece que las medidas para asegurar la estabilidad del sistema eléctrico que el Ejecutivo ha  puesto encima de la mesa propicien el ahorro energético, como han denunciado partidos políticos, la totalidad de las asociaciones de renovables, sindicatos y organizaciones ecologistas y de consumidores.

¡Atención! Este sitio usa cookies y tecnologías similares.

Si no cambia la configuración de su navegador, usted acepta su uso. Saber más

Acepto